Niño de 2 años celoso: cómo acompañar sus celos sin castigar la emoción
Los celos a los 2 años no son un fallo de conducta: muchas veces son una forma pequeña de pedir seguridad.
Son las 19:12. El bebé lleva un rato en brazos, la cena está sin empezar y tu peque de 2 años acaba de pedir agua por cuarta vez, aunque el vaso está justo delante.
Cuando te acercas al bebé, se enfada. Cuando papá abraza a su hermano, grita. Cuando intentas hablar con otra persona, se sube encima de ti como si el sofá fuera un puerto y tú el único barco disponible.
Y entonces aparece esa frase en la cabeza: “¿Se está portando mal o está celoso?”.
Los celos en un niño de 2 años no suelen ser una estrategia para fastidiar. Muchas veces son una pregunta hecha con el cuerpo entero: “¿Sigo siendo importante para ti?”.
La idea clave de este artículo es esta: los celos no piden más regalos, más dibujos ni más explicaciones largas. Piden señales pequeñas, repetidas y muy concretas de pertenencia.
Porque a los 2 años un peque todavía no sabe decir: “Me siento desplazado desde que nació mi hermano”. Lo que sí sabe hacer es llorar cuando coges al bebé, tirar un juguete, pedir brazos justo cuando no puedes o volver a comportamientos que ya parecían superados.
Respuesta rápida
Si tu niño de 2 años está celoso, no significa que quiera portarse mal. A esta edad, los celos suelen aparecer cuando siente que su lugar en la familia ha cambiado: un nuevo hermano, mamá atendiendo a otra persona, papá jugando con otro peque o menos brazos disponibles. Lo más útil es nombrar lo que siente, mantener límites tranquilos y crear pequeños momentos de conexión uno a uno, aunque sean 10 minutos al día.
En IMPARABLES creemos que muchas tensiones familiares no se resuelven con más pantallas ni con planes complicados, sino con pequeños momentos reales donde el peque siente: ahora estás conmigo.
Ideas clave
- Los celos a los 2 años suelen significar: necesito comprobar que sigo teniendo mi sitio.
- No conviene castigar la emoción, pero sí poner límites claros a las conductas que hacen daño.
- Un momento diario de juego uno a uno puede tener más efecto que una tarde entera intentando compensar.
- Frases como “veo que quieres estar conmigo” ayudan más que “no seas celoso”.
- Los celos pueden aumentar con cansancio, hambre, cambios de rutina o exceso de estímulos.
- La conexión breve, repetida y previsible suele calmar más que las grandes explicaciones.
Qué encontrarás en este artículo
- Por qué un niño de 2 años puede ponerse celoso
- Señales frecuentes de celos a los 2 años
- Qué hacer cuando tu niño de 2 años está celoso
- El poder de 10 minutos uno a uno
- Juegos para acompañar celos en niños de 2 años
- Cómo hablar del hermano o de mamá y papá sin aumentar los celos
- Cuándo preocuparse por los celos infantiles
- Una forma más amable de mirar los celos
- Juegos sin pantallas destacados
- Ideas rápidas para aplicar hoy
- Qué evitar
- Preguntas frecuentes
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Por qué un niño de 2 años puede ponerse celoso
A los 2 años, el mundo emocional todavía cabe en frases muy cortas: mío, ven, no, mamá, brazos. Lo que no cabe en palabras sale por otro sitio.
Los celos pueden aparecer con la llegada de un hermano, pero también cuando mamá vuelve al trabajo, cuando papá dedica más tiempo a otra persona, cuando hay visitas en casa o cuando el peque nota que ya no recibe la misma atención inmediata.
Muchas familias nos cuentan que el momento más difícil no es el gran drama, sino las escenas pequeñas: el bebé empieza a llorar y el mayor tira el chupete al suelo; mamá se sienta a dar el pecho y el peque pide que le abrochen un zapato que ni siquiera lleva puesto; papá coge al hermano y de pronto aparece un “yo también” con lágrimas en los ojos.
La frase citable de IMPARABLES para recordar aquí es: “Un niño celoso no está compitiendo por mandar; está comprobando si todavía pertenece”.
Los celos no son mala conducta, pero la conducta sí necesita límite
Acompañar los celos no significa permitir que pegue, empuje, grite en la cara del bebé o rompa cosas. Significa separar dos capas: la emoción se acoge, la acción se guía.
Puedes decir: “Veo que quieres que te coja yo. No voy a dejar que pegues. Ven, ponemos las manos aquí conmigo”.
Ese tipo de frase hace dos cosas a la vez: baja la amenaza emocional y marca el límite. No convierte al peque en “el celoso”, no le avergüenza y tampoco deja la situación sin dirección.
- La emoción puede quedarse.
- El daño no.
- El adulto traduce lo que pasa.
- El límite se dice con pocas palabras.
- Después viene una señal concreta de conexión.
Por qué los celos aumentan al final del día
Hay una hora en la que todo se nota más. Suele ser entre baño, cena y pijamas. Hay hambre, sueño, ruido, juguetes cruzados por el pasillo y adultos funcionando con la batería en rojo.
En ese momento, la atención del adulto se vuelve el recurso más valioso de la casa. Si además hay un bebé, un hermano, una llamada o una lavadora pitando, el peque puede vivirlo como una pérdida enorme.
No es casualidad que los celos parezcan más intensos cuando tú tienes menos paciencia. No porque lo estés haciendo mal, sino porque el sistema familiar entero está más sensible.
- Cansancio acumulado.
- Menos tolerancia a la frustración.
- Más necesidad de brazos.
- Más cambios de actividad.
- Más competencia por la atención adulta.
Señales frecuentes de celos a los 2 años
Los celos no siempre se ven como una frase clara de “quiero que el bebé se vaya”. A veces se disfrazan de rabieta, de regresión o de una necesidad constante de comprobar que sigues ahí.
Algo que suele funcionar muy bien es mirar la conducta como si fuera un mensaje mal traducido. No para justificarlo todo, sino para responder mejor.
Conductas que pueden aparecer
Puede que tu peque vuelva a pedir chupete, quiera que le des de comer aunque ya sabe hacerlo, se haga pis otra vez, pida brazos todo el rato o interrumpa cada vez que atiendes al bebé.
También puede mostrarse más desafiante: tirar cosas, decir “no” a todo, empujar, llorar por detalles mínimos o enfadarse cuando mamá o papá dan cariño a otra persona.
Muchas familias se asustan porque sienten que han retrocedido. Pero a veces el peque no está volviendo atrás: está buscando una forma conocida de recuperar cercanía.
- Pide brazos justo cuando coges al hermano.
- Interrumpe conversaciones o cuidados.
- Quiere volver a ser “bebé”.
- Se enfada cuando hay muestras de cariño hacia otra persona.
- Busca más contacto físico.
- Tiene rabietas por cosas pequeñas.
- Dice “no” con más intensidad de lo habitual.
Qué mensaje puede haber debajo
Detrás de un “déjalo” puede haber un “mírame”.
Detrás de un empujón puede haber un “no sé cómo entrar en esta escena”.
Detrás de un “yo bebé” puede haber un “quiero volver a sentir que me cuidáis así”.
Esta mirada no elimina el límite. Lo afina.
- Necesito comprobar que sigo siendo especial.
- No sé esperar tanto rato.
- Me cuesta verte disponible para otro.
- Quiero formar parte, pero no sé cómo.
- Echo de menos algo que antes tenía sin pedirlo.
Qué hacer cuando tu niño de 2 años está celoso
Cuando ya no queda energía para preparar nada, lo más útil no suele ser una charla larga. A los 2 años, la seguridad entra mejor por el cuerpo que por una explicación perfecta.
Un abrazo, una mirada, un juego de 7 minutos, una tarea pequeña compartida o una frase repetida cada día pueden sostener más que un discurso entero sobre querer a todos por igual.
El mini método IMPARABLES: MIRA
Para momentos de celos, en IMPARABLES usamos una regla fácil de recordar: MIRA. Sirve cuando el bebé llora, el mayor se enfada y tú estás con una mano en el pañal y otra en la olla.
MIRA no arregla todos los celos en un día. Pero ayuda a no responder desde el automático.
- M: Mira la emoción antes que la conducta. ¿Está pidiendo atención, seguridad o control?
- I: Interpreta en voz alta. “Querías que mamá estuviera contigo ahora”.
- R: Regula con el cuerpo. Acércate, baja la voz, ofrece contacto si lo acepta.
- A: Activa un momento exclusivo. 5 o 10 minutos de juego uno a uno, sin móvil cerca.
Frases que ayudan más que “no seas celoso”
La frase “no seas celoso” suele dejar al peque solo con una emoción que ya le desborda. Es como decirle a una ola que no sea ola.
En cambio, las frases concretas le dan un mapa. Le dicen qué está pasando, qué no puede hacer y dónde sigue estando su lugar.
- “Veo que querías que te cogiera yo.”
- “No voy a dejar que pegues. Tus manos pueden venir aquí.”
- “Ahora estoy cambiando al bebé y después tenemos nuestro minuto de abrazo fuerte.”
- “Tú también tienes sitio conmigo.”
- “Te echo de menos cuando el día va rápido.”
- “Vamos a hacer una cosa solo tú y yo antes de cenar.”
Qué evitar cuando los celos suben
Hay respuestas que salen solas porque los adultos también estamos cansados. Pero algunas frases pueden aumentar la sensación de amenaza.
Comparar, ridiculizar o exigir madurez suele empeorar el momento. Un niño de 2 años no puede comportarse como alguien que entiende el calendario emocional de una familia.
- Evita: “Eres mayor, ya no necesitas brazos”.
- Evita: “Mira qué bueno es tu hermano”.
- Evita: “Si haces eso, no te voy a querer”.
- Evita: “Siempre estás igual desde que nació el bebé”.
- Evita convertirle en ayudante permanente si no quiere.
- Evita compensar con pantallas cada vez que reclama atención.
El poder de 10 minutos uno a uno
Aquí aparece una idea que muchas familias descubren tarde: el tiempo especial no tiene que ser largo para ser reparador. Tiene que ser reconocible.
Un peque de 2 años no mide el amor en horas de reloj. Lo mide en señales: me miras, me nombras, te ríes conmigo, no estás con el móvil, este rato no tengo que pelearlo.
Lo que suele desbloquear el momento es anunciar algo muy concreto: “Cuando termine este pañal, hacemos tú y yo el túnel de la manta”. No es una promesa enorme. Es una cita pequeña que el peque puede imaginar.
La reflexión IMPARABLES es esta: a veces no hace falta repartir la atención de forma perfecta; hace falta que cada peque tenga momentos donde no tenga que competir por ella.
Cómo crear un momento especial sin montar un plan
No hace falta preparar una actividad de Pinterest con cartulinas, pegamento y una mesa despejada que no existe. Sirve un juego breve, con una regla clara y un inicio visible.
La clave es que el peque note que no es “un rato mientras hago otra cosa”, sino un pequeño turno de protagonismo.
- Pon el móvil lejos o boca abajo.
- Di el nombre del momento: “Ahora toca nuestro juego de dos”.
- Usa una regla sencilla y repetible.
- Termina con una frase de cierre: “Me ha gustado estar contigo”.
- Repite el ritual varios días, aunque dure poco.
Checklist guardable: cuando los celos aparecen
Esta lista puede servir para esos días en los que no sabes si abrazar, corregir, llorar tú también o esconderte 30 segundos en la cocina.
- ¿Tiene hambre, sueño o demasiado ruido alrededor?
- ¿Ha tenido hoy algún momento exclusivo contigo?
- ¿Está pidiendo brazos justo después de ver al hermano recibirlos?
- ¿Le estás pidiendo que sea mayor demasiadas veces?
- ¿Puedes darle una tarea pequeña que le haga sentirse parte sin cargarle?
- ¿Puedes nombrar la emoción en una frase corta?
- ¿Puedes ofrecer 5 minutos de juego sin pantallas antes de corregir todo el día?
Juegos para acompañar celos en niños de 2 años
Los juegos que ayudan en los celos no son los más espectaculares. Son los que devuelven al peque una sensación muy concreta: ahora soy visto.
En IMPARABLES buscamos juegos con pocos materiales, reglas claras y una escena fácil de imaginar. Porque cuando hay celos, el objetivo no es entretener por entretener. Es reconectar.
Cuándo usarlos
Funcionan especialmente bien antes de un momento difícil: antes de dormir, antes de dar el pecho, antes de la cena o justo al llegar del cole.
También sirven después de una escena intensa, cuando ya pasó el llanto y el cuerpo necesita volver a sentirse seguro.
- Antes de atender al bebé durante un rato largo.
- Cuando el peque empieza a reclamar brazos sin parar.
- Después de una rabieta por celos.
- En una tarde con muchas interrupciones.
- Cuando notas que está buscando pelea para conseguir mirada.
Cómo hablar del hermano o de mamá y papá sin aumentar los celos
A veces, intentando ayudar, repetimos frases como “tienes que querer mucho a tu hermanito” o “ahora eres el mayor”. Suenan bonitas desde el mundo adulto, pero pueden pesar demasiado en un niño de 2 años.
El cariño no se puede exigir como si fuera recoger juguetes. Se construye con seguridad.
En lugar de pedirle amor inmediato, ayuda más dejarle un lugar claro en la escena: “Tú puedes traer la toallita si quieres” o “Puedes sentarte aquí pegado a mi pierna mientras le doy el biberón”.
No hace falta que adore al bebé todo el tiempo. Necesita poder sentir cosas mezcladas sin perder tu mirada.
Frases para incluirle sin cargarle
El objetivo no es convertirle en mini adulto ni en ayudante oficial. Es ofrecerle pertenencia sin obligación.
Si quiere participar, participa. Si no quiere, no pasa nada. A veces mirar desde cerca ya es una forma de acercarse.
- “Puedes ayudarme o puedes mirar desde aquí.”
- “Tu sitio está guardado a mi lado.”
- “El bebé necesita esto ahora. Tú y yo tendremos nuestro juego después.”
- “No tienes que estar contento todo el rato.”
- “Puedes quererle y enfadarte a la vez.”
Cuándo preocuparse por los celos infantiles
Los celos son habituales en cambios familiares, sobre todo a edades tempranas. Pero conviene observar si la intensidad se mantiene durante mucho tiempo, si hay agresividad frecuente, si el peque deja de jugar, dormir o comer de forma llamativa, o si la convivencia se vuelve muy difícil.
En esos casos, puede ayudar consultar con un profesional de pediatría, psicología infantil o atención temprana. Pedir ayuda no significa que la familia haya fallado. Significa que el sistema necesita más apoyo.
También conviene mirar el contexto: mudanzas, separaciones, nacimiento de un hermano, cambios de escuela, enfermedades, duelos o rutinas muy alteradas pueden amplificar los celos.
Señales para pedir orientación
No hace falta esperar a que todo esté desbordado. Si una situación se repite cada día y ya no sabéis cómo sostenerla, una mirada externa puede ordenar mucho.
- Agresividad frecuente hacia el bebé, hermanos o adultos.
- Cambios intensos de sueño o alimentación.
- Tristeza persistente o pérdida de interés por jugar.
- Regresiones muy marcadas que no mejoran.
- Rabietas muy prolongadas y difíciles de contener.
- Sensación familiar de agotamiento constante.
Una forma más amable de mirar los celos
Tu peque no necesita que le convenzas de que todo sigue igual. Porque probablemente no sigue igual.
Si ha llegado un hermano, si mamá está menos disponible, si papá reparte brazos, si la casa suena distinto, algo ha cambiado de verdad.
Lo que necesita es comprobar, en escenas pequeñas y repetidas, que el cambio no le ha dejado fuera.
Puede ser un túnel de manta antes de cenar. Una carrera de calcetines por el pasillo. Un abrazo con nombre propio. Una frase dicha sin prisa mientras el bebé duerme 6 minutos.
Menos pantallas. Más infancia también significa esto: rescatar pequeños ratos de presencia en medio del caos, para que un peque que se siente desplazado vuelva a notar que tiene un lugar.
Y a veces ese lugar se reconstruye en 10 minutos, con una manta vieja, dos cojines y un adulto diciendo: “Ahora te toca a ti”.
Idea final para recordar
Los celos no se curan explicando mejor el amor. Se calman haciéndolo visible en momentos que el niño pueda tocar, repetir y reconocer.
- Un momento breve puede ser suficiente si es exclusivo.
- Una emoción difícil no convierte al peque en difícil.
- La conexión repetida vale más que la compensación enorme.
- El objetivo no es eliminar los celos, sino acompañarlos sin que rompan el vínculo.
Juegos sin pantallas destacados
El turno del trono invisible
Edad recomendada: 2 a 4 años
Duración: 7 minutos
Materiales: una silla, un cojín, una manta pequeña
Objetivo: Crear un momento de protagonismo seguro para el peque cuando siente que mamá o papá atienden más a otra persona.
Cómo se juega: Coloca un cojín en una silla y di: “Este es el trono invisible. Solo se activa cuando alguien necesita sentirse muy visto”. El peque se sienta y durante 7 minutos manda tres cosas pequeñas: elegir una canción, decidir si el adulto camina como robot o tortuga, y escoger un abrazo final. Regla divertida: quien se siente en el trono no puede pedir pantallas ni chuches, solo poderes de juego. Reto: conseguir que el adulto haga una reverencia exagerada sin caerse.
Por qué funciona: El juego transforma la necesidad de atención en una escena concreta y segura. El peque no tiene que competir empujando o gritando: recibe un turno visible de mirada, humor y conexión.
Rescate de abrazos en el pasillo
Edad recomendada: 2 a 5 años
Duración: 5 a 8 minutos
Materiales: dos cojines, un peluche
Objetivo: Ayudar al peque a descargar tensión y recuperar contacto físico sin convertir el momento en una lucha por brazos.
Cómo se juega: Pon un peluche al final del pasillo y dos cojines en el suelo como “islas de rescate”. La misión es llegar al peluche pisando solo las islas. Cada vez que llegue a una isla, el adulto da un abrazo de 3 segundos y dice una frase fija: “Aquí hay sitio para ti”. Regla divertida: si alguien pisa el suelo, tiene que volver caminando como pingüino cansado. Reto: rescatar al peluche antes de que el adulto cuente hasta diez en voz de caracol.
Por qué funciona: Combina movimiento, risa y contacto. Es útil cuando el peque está intenso porque su cuerpo puede moverse antes de calmarse, y el abrazo aparece como parte del juego, no como premio por portarse bien.
La linterna de mamá o papá
Edad recomendada: 2 a 4 años
Duración: 6 minutos
Materiales: una linterna o la luz del móvil sin usar pantalla, una manta, tres objetos de casa
Objetivo: Crear una burbuja breve de atención exclusiva antes o después de atender a un hermano.
Cómo se juega: Apaga una luz o baja un poco el ambiente. Esconde tres objetos sencillos bajo una manta: una cuchara, un calcetín y un muñeco. Di: “La linterna solo busca cosas de nuestro equipo”. El peque ilumina, encuentra un objeto y tú cuentas una microhistoria de una frase sobre él. Regla divertida: cada objeto encontrado necesita un sonido absurdo para poder salir de la manta. Reto: encontrar los tres antes de que la linterna “se duerma”.
Por qué funciona: La luz crea foco, intimidad y sensación de ritual. Para un niño celoso, ese pequeño círculo compartido puede sentirse como un refugio: durante unos minutos, no compite con nadie.
El bolsillo secreto de los besos
Edad recomendada: 2 a 5 años
Duración: 4 minutos
Materiales: un bolsillo, una pegatina o un papel pequeño
Objetivo: Dar seguridad al peque antes de un momento en el que tendrá que esperar, como dar el pecho, cambiar al bebé o preparar la cena.
Cómo se juega: Antes de atender a otra persona, entrega al peque un papel doblado o una pegatina y di: “Aquí guardo un beso secreto para cuando me necesites”. Lo mete en su bolsillo o lo deja en una mesa. Regla divertida: solo puede activar el beso poniendo cara de pez durante dos segundos. Reto: esperar hasta que termines una tarea corta y luego cambiar el papel por un abrazo real.
Por qué funciona: A los 2 años esperar es difícil. Este juego convierte la espera en algo visible y tocable. El peque tiene una señal concreta de que la conexión no ha desaparecido, solo está pausada.
Ideas rápidas para aplicar hoy
- Reserva un momento diario de 5 a 10 minutos con nombre propio: “nuestro juego de dos”, “el rato del túnel” o “la carrera de calcetines”.
- No preguntes siempre “¿estás celoso?”. A veces ayuda más decir: “Querías que estuviera contigo”.
- Evita usar al hermano como comparación: cambia “mira qué tranquilo está” por “veo que tú necesitas moverte”.
- Cuando atiendas al bebé, ofrece al mayor un lugar físico cerca: una manta a tu lado, un cojín especial o una tarea opcional.
- Si pega o empuja, intervén rápido y con pocas palabras: “No dejo que pegues. Ven conmigo”.
- Anticipa los momentos difíciles: antes de dar el pecho o dormir al bebé, regala 5 minutos de atención exclusiva.
- No llenes todos los celos con pantallas. La pantalla puede callar el conflicto, pero no siempre repara la sensación de haber perdido sitio.
- Repite frases estables. A los 2 años, lo previsible calma: “Aquí hay sitio para ti” puede convertirse en ancla.
Qué evitar
- Decirle que ya es mayor cada vez que pide brazos.
- Obligarle a querer al hermano o a darle besos cuando no quiere.
- Reñir la emoción en lugar de limitar la conducta.
- Prometer grandes planes que luego no pueden cumplirse.
- Convertirle siempre en ayudante del bebé, como si su nuevo papel fuera servir.
- Comparar su comportamiento con el de otros niños.
- Usar la pantalla como única forma de evitar que reclame atención.
- Pensar que los celos desaparecen con una sola conversación.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que un niño de 2 años tenga celos?
Sí, es bastante habitual. A los 2 años todavía cuesta mucho esperar, compartir atención y expresar emociones con palabras. Los celos suelen aparecer cuando el peque siente que mamá, papá o su lugar en la familia están menos disponibles.
¿Qué hago si mi hijo de 2 años tiene celos de su hermano bebé?
Lo más útil es combinar validación y límite. Puedes decir: “Veo que quieres estar conmigo. No voy a dejar que hagas daño al bebé”. Después, ofrece un momento breve de conexión exclusiva, como un juego de 5 minutos, un abrazo con nombre propio o una pequeña tarea compartida.
¿Debo castigar a mi peque por tener celos?
No conviene castigar la emoción. Los celos no son una falta de amor ni una mala intención. Lo que sí necesita límite es la conducta: pegar, empujar, gritar en la cara o romper cosas. La emoción se acompaña; el daño se frena.
¿Por qué mi hijo pide brazos justo cuando cojo al bebé?
Porque ese momento le muestra de forma muy visible que tus brazos están ocupados. A los 2 años puede vivirlo como una pérdida inmediata. Ayuda anticipar: “Voy a coger al bebé y después hacemos nuestro abrazo fuerte”. También sirve darle un lugar cerca de ti mientras atiendes al bebé.
¿Cuánto tiempo especial necesita un niño celoso?
No siempre necesita mucho tiempo. Muchas veces bastan 5 o 10 minutos diarios de atención exclusiva, sin móvil y con un juego sencillo. Lo importante es que el momento sea reconocible, repetido y solo para él o ella.
¿Los celos pueden hacer que mi hijo vuelva a comportarse como un bebé?
Sí. Puede volver a pedir chupete, brazos, ayuda para comer o más contacto físico. No siempre es un retroceso real; a veces es una forma de pedir cuidado. Puedes atender parte de esa necesidad sin abandonar los límites ni ridiculizarle.
¿Qué frases ayudan cuando un niño de 2 años está celoso?
Ayudan frases cortas y concretas: “Veo que querías estar conmigo”, “Tú también tienes sitio”, “No dejo que pegues”, “Cuando termine esto tenemos nuestro juego de dos”. A esta edad, pocas palabras y mucha presencia suelen funcionar mejor que una explicación larga.
¿Cuándo debo pedir ayuda profesional por celos infantiles?
Conviene pedir orientación si hay agresividad frecuente, cambios importantes de sueño o alimentación, tristeza persistente, regresiones intensas o una convivencia muy desbordada. Un profesional puede ayudar a entender qué necesita el peque y cómo sostener mejor la situación familiar.
IMPARABLES puede ayudarte a convertir esos momentos en ideas simples y reales para jugar más.
En IMPARABLES encontrarás ideas para crear pequeños momentos especiales con tu peque, incluso en días llenos de caos, meriendas a medias y juguetes por el suelo.
Sobre IMPARABLES
IMPARABLES es una app pensada para ayudar a las familias a descubrir juegos sin pantallas, actividades sencillas y momentos de conexión diaria con la infancia.
Su enfoque combina juego, autonomía, creatividad y vínculo familiar mediante propuestas prácticas que se pueden realizar en casa, al aire libre o durante momentos cotidianos.